Irán al borde del colapso: represión deja centenares de muertos y EE.UU. evalúa intervenir

La crisis social en Irán entró en una fase crítica marcada por una escalada de violencia que amenaza con desestabilizar por completo a Medio Oriente. Pese al apagón total de internet y telefonía que ya supera las 72 horas, reportes filtrados desde el interior del país confirman que las fuerzas de seguridad intensificaron el uso de fuerza letal para sofocar las protestas, dejando un saldo preliminar de centenares de fallecidos y miles de personas detenidas.

En ciudades como Teherán, Mashhad y otros centros urbanos estratégicos, la situación es descrita como de guerra urbana. Manifestantes se han atrincherado tras barricadas improvisadas y contenedores en llamas, mientras la policía y fuerzas de seguridad responden con fuego real, uso de drones de vigilancia y operativos masivos de detención.

Según información recopilada por el diario El País, basada en datos de la organización Human Rights Activists News Agency, la represión ha dejado al menos 490 manifestantes muertos y 48 agentes de seguridad fallecidos en un periodo de dos semanas. A esto se suman más de 10.600 personas arrestadas. Estas cifras coinciden con reportes médicos enviados de forma clandestina a medios internacionales como la BBC y la revista Time, que advierten sobre la llegada constante de cuerpos con impactos de bala, principalmente en cabeza y cuello, a hospitales y morgues.

El escenario internacional se tensionó aún más este domingo tras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró en su red social Truth que su administración está “lista para ayudar” a quienes buscan la libertad en Irán. El mandatario ya había advertido el pasado 2 de enero que no descartaba un ataque directo si la violencia no cesaba. De acuerdo con fuentes citadas por The New York Times, la Casa Blanca analiza posibles objetivos no militares, lo que elevó el nivel de alerta en Teherán.

Desde el régimen iraní, la respuesta ha sido endurecer el discurso legal y represivo. El fiscal general Mohammad Movahedi Azad advirtió que quienes participen en los disturbios podrían ser procesados como “enemigos de Dios”, figura penal conocida como moharebeh, castigada con la pena de muerte según la ley islámica iraní.

El presidente iraní Masud Pezeshkian acusó directamente a Estados Unidos e Israel de estar detrás de los disturbios, señalando que buscan “sembrar el caos” mediante el apoyo a grupos terroristas. En esa línea, la agencia semioficial Tasnim informó sobre la detención de 200 supuestos líderes de células rebeldes y denunció ataques incendiarios contra mezquitas, bancos y edificios gubernamentales.

En paralelo, el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, lanzó una advertencia directa a la comunidad internacional, señalando que cualquier agresión extranjera transformará a las bases de Estados Unidos en la región y a Israel en objetivos legítimos de guerra, aumentando el riesgo de un conflicto de alcance regional.

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